"Los hombres dejan de entenderse porque el significado de las palabras ya no tiene la misma relación con las cosas, porque los hombres han cambiado los significados a su arbitrio"
Tucídides

jueves, 22 de febrero de 2018

Bioética para náufragos. Ed. de 22 de febrero


Titular de hoy
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¿Dónde está el límite entre salud psicológica y enfermedad?

Cuando se trata de nuestro cerebro, lo normal no existe. Un nuevo estudio realizado en la Universidad de Yale cuestiona el límite entre salud psicológica y enfermedad. Según sus autores, pensar o comportarnos de forma distinta puede ser saludable. Incluso la ansiedad o la impulsividad pueden tener una función adaptativa.


¿Dónde está el límite entre salud psicológica y enfermedad? Este debate sigue abierto desde hace años entre médicos e investigadores. Existen formas de pensar o comportarse que no coinciden con la idea idealizada de ‘estar sano’.


Sin embargo, un estudio publicado en Trends in Cognitive Sciences (AQUÍ) sostiene que cierta variabilidad en el razonamiento y el comportamiento puede ser saludable e incluso cumplir una función adaptativa, aunque también complica los intentos de identificar marcadores estandarizados para las patologías.


“Históricamente, la enfermedad psiquiátrica se definía a través de un sistema categórico de diagnóstico donde los trastornos a menudo se trataban como entidades biológicas discretas”, explica Avram Holmes, autor principal de este trabajo, doctor en Psicología clínica e investigador de la Universidad de Yale (EE UU).


Recientemente, este campo ha comenzado a adoptar una perspectiva de los trastornos que permite dimensionar el funcionamiento del cerebro y el comportamiento observable, borrando las líneas entre salud y patología.


Fuente: SINC

Instituto de Bioética de Canarias. Ed. de 21 de febrero.


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lunes, 19 de febrero de 2018

INFORME DEL COMITÉ DE BIOÉTICA DE ESPAÑA

SOBRE LA NECESIDAD DE ADAPTAR LA LEGISLACIÓN ESPAÑOLA A LA CONVENCIÓN DE DERECHOS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

 El Comité de Bioética de España en su reunión plenaria del pasado 20 de diciembre de 2017 acordó por unanimidad de los vocales presentes, aprobar un Informe (AQUí) sobre la necesidad de adaptar la legislación española a la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad de 13 de diciembre de 2006 de Naciones Unidas.

Dicho Informe se ha realizado a petición de la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad que solicitó el parecer del Comité acerca de la adaptación del artículo 12 de la Convención. Concretamente, la petición hacía mención a los siguientes aspectos: la modificación de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General respecto al derecho de sufragio de las personas con discapacidad; la modificación de las normas que regulan la incapacitación, el internamiento forzoso, tutela y demás reglas relacionadas con la capacidad de ejercicio y obrar; y la esterilización de estas personas sin su consentimiento.

El Informe señala que la Convención es un hito en la historia del reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad, pero no exento de controversia en España, dándose un intenso debate entre quienes mantienen una posición proteccionista y los que defienden la plena igualdad en el ejercicio de los derechos. El Informe no pretende ofrecer una síntesis de la pluralidad de posiciones, sino que se limita a dar respuesta sucinta a las preguntas que se nos formulan. Sin perjuicio de ello, se incluye al inicio del Informe una reflexión, desde una perspectiva estrictamente ética, acerca de los problemas que plantea la implementación de la Convención en relación al principio de protección frente a la vulnerabilidad. La Convención supone un cambio sustancial por el que se supera el modelo anterior que basaba la protección de las personas con discapacidad en excluirles de la toma de decisiones. El nuevo modelo se fundamenta, por el contrario, en la promoción de su autonomía. Las personas con discapacidad deben poder adoptar las decisiones que estimen oportunas en relación a las cuestiones que puedan atañerles en el libre desarrollo de su personalidad, con participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones. Sin embargo, ello también puede conllevar ciertos Por ello, consideramos que, si bien algunas personas con discapacidad van a necesitar una protección en menor grado o el reconocimiento de plena autonomía, otras, por el contrario, necesitarán una protección extensiva. El grado de protección no puede ser igual para todos, sino que ha de depender del riesgo que corren de sufrir daño y de la probabilidad de obtener un beneficio. Se trataría, en definitiva, de buscar un equilibrio que creemos que debe ser el que ha de guiar la implementación de la Convención. Habrá que rechazar tanto una posición extremadamente proteccionista como una postura excesivamente maximalista de la autonomía, sin crear estereotipos que oculten el hecho de que la discapacidad es muy diversa.

En relación con el derecho de sufragio de las personas con discapacidad, el Comité entiende que el artículo 3 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General debe ser derogado por contradecir la Convención, eliminándose la posibilidad de restringir el derecho de sufragio. Ciertamente, pueden existir situaciones en las que una persona presente una ausencia total de discernimiento y sea incapaz de comunicar de cualquier modo su voluntad, pero resulta muy improbable que tales situaciones lleguen a plantear algún problema en la práctica. No parece necesario, pues, que casos tan excepcionales sean objeto de una regulación general. Sin perjuicio de todo ello, si esta propuesta no fuera acogida por el legislador, la privación del derecho de sufragio activo debería acordarse con carácter excepcional.

En relación con el internamiento forzoso de las personas con discapacidad, el Comité considera que la medida de internamiento forzoso por razones de trastorno psíquico prevista por el artículo 763 de la Ley de Enjuiciamiento Civil constituye también una vulneración de la Convención, por lo que debería procederse a la derogación del artículo 763 LEC, remitiendo el tratamiento de esta situación a la legislación sanitaria general(véase, por ejemplo, artículo 9 de la Ley 41/2002), aunque con el rango de Ley Orgánica, en este caso.

En relación con la capacidad jurídica de las personas con discapacidad, el Comité considera que ha de reconocérseles la plena capacidad de obrar, excluyéndose aquellas figuras que supongan su sustitución en la toma de decisiones. A las personas con discapacidad no se les debe restringir la capacidad de obrar, sino, por el contrario, prestarles los debidos apoyos para que puedan ejercerla, instituyéndose las pertinentes figuras, siendo las concretas funciones del prestador de apoyos moduladas en atención a las circunstancias de la persona, y todo ello, sobre la base de dos principios: a) que las medidas deben procurar siempre afectar lo menos posible la autonomía personal; y b) que las personas que desarrollen las funciones de apoyo deberán respetar o, en su caso, actuar de acuerdo con la mejor interpretación de la voluntad y las preferencias de la persona apoyada. Además, deben establecerse las salvaguardas necesarias para evitar los abusos y conflictos de intereses.

Y finalmente, en relación con la esterilización forzosa de las personas con discapacidad, el Comité considera que el segundo párrafo del artículo 156 CP constituye una clara vulneración de la Convención, por lo que debería plantearse su supresión.

viernes, 16 de febrero de 2018

Libro: La maternidad subrogada. Qué es y cuáles son sus consecuencias

La maternidad subrogada implica el nacimiento de un niño que es gestado por una mujer ajena a quien o quienes desean tener un hijo. Puede tratarse de una pareja con problemas de fertilidad, una mujer sola, un varón solo o una pareja del mismo sexo.

La maternidad subrogada ha invadido recientemente los debates en círculos de discusión políticos, sociales y medios de comunicación. Aunque no se trata de una innovación tecnológica per se, sino derivada de la fecundación in vitro que se practica desde hace décadas. Como consecuencia de esta práctica están apareciendo serios problemas de carácter personal, biomédico, psicológico y jurídico, muchos de ellos motivados por el escaso conocimiento de las consecuencias para las personas y la sociedad y por el vacío legal con que ha emergido en diferentes países. Es de esto, de lo que los cinco grandes expertos en bioética: Nicolás Jouve de la Barreda, Natalia López Moratalla, Justo Aznar Lucea, Julio Tudela Cuenca, Marta Albert Márquez y José Miguel Serrano Ruiz Calderón nos hablan con una visión global constructiva y nos advierten sobre los peligros de la utilización de la vida sin valorar la existencia de quienes toman la decisión de contratar una gestación, la gestante y la vida futura que estará en juego.
Nicolás Jouve de la Barreda (ed) Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid (1973). Profesor Titular de Genética en la Univ. Politécnica de Madrid (1974-1977). Profesor Agregado de Genética de la Univ. País Vasco (1977-1979). Catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá (1980; en la actualidad Emérito). Fue Vicedecano de la Facultad de Ciencias y Director del Departamento de Biología Celular y Genética de la Universidad de Alcalá. Presidente de la Sociedad Española de Genética (1990-1994). Vocal del Comité de Bioética de España (desde 2012).
Autores que colaboran en la obra, por orden de intervención: Nicolás Jouve de la Barreda, Natalia López Moratalla, Justo Aznar Lucea, Julio Tudela Cuenca, Marta Albert Márquez y José Miguel Serrano Ruiz Calderón