jueves, 10 de marzo de 2016
La sensibilidad de los funcionarios es la que decide la ayuda a niños con cancer ...
Altamente recomendable escuchar el comentario de hoy del conocido periodista Francisco J. Chavanel, en su programa "El Espejo Canario", sobre la concesión de ayudas por el Gobierno de Canarias para las familias de niños con cáncer. Al parecer hay un doble rasero para conceder estas ayudas según la procedencia del menor, sea la provincia de Santa Cruz de Tenerife, sea la de Las Palmas de Gran Canaria, y en desfavor de ésta última. Es la sensibilidad del funcionario de turno la que decide la ayuda, y al parecer en esta provincia son "menos sensibles" (sic).
Inaudito. Pero es la insensibilidad, de todos? o es posible que haya criterios políticos nunca escritos y reconocidos? Lo que se denuncia en este audio es muy grave. Estoy seguro que este reconocido periodista no dejará de investigarlo dada la importancia del tema. Dejo el audio AQUÍ
Inaudito. Pero es la insensibilidad, de todos? o es posible que haya criterios políticos nunca escritos y reconocidos? Lo que se denuncia en este audio es muy grave. Estoy seguro que este reconocido periodista no dejará de investigarlo dada la importancia del tema. Dejo el audio AQUÍ
jueves, 21 de enero de 2016
La muerte de Bowie, a ojos de un médico de paliativos ...
La Gaceta publica un interesante artículo que reproduzco a continuación: En un mundo que enarbola la mal llamada “muerte digna”, en los parlamentos que buscan la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido, el médico británico experto en cuidados paliativos Mark Taubert ha visto, en la muerte del artista David Bowie, un auténtico regalo del cantante.
“A principios de esa semana tuve una discusión con un paciente terminal del hospital, que se enfrenta al final de su vida. Hablamos de tu muerte y de tu música, y después de numerosas cuestiones que no siempre son fáciles de discutir con alguien que se enfrenta a su propia desaparición. Tu historia, de hecho, se convirtió en la forma de comunicarnos abiertamente sobre la muerte, algo que muchos médicos y enfermeras se esfuerzan por hacer”.
Son las palabras con las que este médico se dirige al cantante desde su blog en la web del British Medical Journal y que han sido difundidas en las redes sociales por el hijo del cantante.
“Lo que han hecho durante el tiempo que rodea tu muerte ha tenido un profundo efecto en mí y mucha gente con la que trabajo. Tu último álbum, lleno de referencias, consejos y alusiones... He oído lo meticuloso que eras, por eso sé que el hecho de que tu muerte coincida con el lanzamiento de tu álbum no es, probablemente, una coincidencia. Todo estuvo planeado para convertirse en una obra de arte de la muerte”.
Pero, no es casualidad. El médico hace de la muerte de Bowie el hilo conductor para reclamar formación e inversión en cuidados paliativos: profesionales que ayuden al control de síntomas, que alivien el dolor, las náuseas, los vómitos, la dificultad para respirar… “Profesionales que mitiguen, también, cualquier angustia emocional que pueda haber tenido”.
Estas, unidas a las instrucciones de no tratar de reanimar a una persona enferma terminal si entra en parada cardiorrespiratoria, por ejemplo, son las líneas básicas de la actuación de paliativos, la verdaderamente humana y digna manera de enfrentarse a la enfermedad.
“A principios de esa semana tuve una discusión con un paciente terminal del hospital, que se enfrenta al final de su vida. Hablamos de tu muerte y de tu música, y después de numerosas cuestiones que no siempre son fáciles de discutir con alguien que se enfrenta a su propia desaparición. Tu historia, de hecho, se convirtió en la forma de comunicarnos abiertamente sobre la muerte, algo que muchos médicos y enfermeras se esfuerzan por hacer”.
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“Lo que han hecho durante el tiempo que rodea tu muerte ha tenido un profundo efecto en mí y mucha gente con la que trabajo. Tu último álbum, lleno de referencias, consejos y alusiones... He oído lo meticuloso que eras, por eso sé que el hecho de que tu muerte coincida con el lanzamiento de tu álbum no es, probablemente, una coincidencia. Todo estuvo planeado para convertirse en una obra de arte de la muerte”.
En casa, no en el hospital
Taubert continúa su carta explicando cómo Bowie ha contribuido a desmitificar cuestiones sobre la muerte: “la gente cree que ocurre predominantemente en los hospitales, en los entornos clínicos. Usted eligió su casa y este es uno de nuestros objetivos en los cuidados paliativos, que otros vean sus casas como una opción en estos momentos. Las fotos que se publicaron unos días después de su muerte, que se ha dicho que son de sus últimas semanas de vida, parecían desafiar a todos los monstruos que rodean a la imagen de esos últimos momentos”.Pero, no es casualidad. El médico hace de la muerte de Bowie el hilo conductor para reclamar formación e inversión en cuidados paliativos: profesionales que ayuden al control de síntomas, que alivien el dolor, las náuseas, los vómitos, la dificultad para respirar… “Profesionales que mitiguen, también, cualquier angustia emocional que pueda haber tenido”.
Estas, unidas a las instrucciones de no tratar de reanimar a una persona enferma terminal si entra en parada cardiorrespiratoria, por ejemplo, son las líneas básicas de la actuación de paliativos, la verdaderamente humana y digna manera de enfrentarse a la enfermedad.
jueves, 8 de octubre de 2015
... Y NOS ACORDAMOS DE ...
No voy a comentar el asunto que a todos
nos conmueve de la niña de Santiago. No es el momento. Información y opinión
sobre ello caen en cascada sobre todos nosotros, y estaremos a favor, en
contra, o reconoceremos, si somos sinceros, que no sabemos todavía nada sobre
el asunto porque carecemos de la información básica para opinar con fundamento.
Pero no importa, hoy en día eso es lo de menos. He comentado más de una vez que
la bioética necesita reflexión y pausa, y no la hay, pero no puedo dejar de
rememorar una antigua entrada de 2011, que voy a reproducir, que nos hará tener
presente que asuntos como el comentado ocurren todos los días. Fue también muy
polémico – hace sólo cuatro años -, y muchos argumentos esbozados entonces se
pueden dar por reproducidos hoy.
“Como
era de esperar ha tenido una gran repercusión en los medios de comunicación el
caso de Doña Ramona Estévez. Y una vez más se ha buscado politizar la noticia.
Lo importante es poner el énfasis en aquéllos aspectos que pueden dar razón a
unos o a otros. Atrás se deja el conocimiento, la discusión, el cuestionamiento
ético, en fin todo aquello que nos sirva para ahondar en el problema y al menos
– ¡qué menos!- hablar con conocimiento de causa. La noticia ha sido titulada de
diversas maneras: “la ley de muerte digna se aplica por primera vez a una
paciente don daño cerebral irreversible” (elplural.com), “obligado un hospital
por primera vez a quitar la sonda a una enferma” (elpais.com), “Salud obliga a
un hospital de Huelva a aplicar la ley de muerte digna con una enferma” (efe,
el mundo.es), “aval para la muerte digna de Ramona” (EL PAIS), “el obispo insta
a la sociedad a que ayude a vivir a la anciana” (huelvainformacion.es). Desde
nuestro punto de vista, ninguno de estos titulares, dice la verdad, tampoco en
el cuerpo de la noticia. Al menos la verdad completa, sólo la parte que
interesa para aplauso de sus seguidores, que ya saben de antemano lo que van a
leer. En fin, como se ve, y era de esperar, una polémica instalada en la
sociedad que ha trascendido una vez más. Doña Ramona falleció a los 14 dias de
retirarle la alimentación e hidratación. No consta si la muerte fue por este
motivo o por razón de su patología. Sólo una pausada reflexión puede llevarnos
a un verdadero acercamiento al problema. Conocer de qué estamos hablando es el
requisito indispensable para tener una opinión formada. Aunque esté equivocada.
En el caso presente se carece de una información suficiente, pues nos limitamos
a lo que expresan los medios de comunicación social. La situación clínica de la
paciente es fundamental para orientarnos. Pese a ello, y quizá precisamente por
ello, es exigible recordar diversos conceptos previos. En primer lugar se hace
necesario diferenciar la muerte clínica, que entendemos es la verdadera, de la
muerte biológica, que puede posponerse a aquélla, y más allá de sus límites
naturales, manteniendo, artificialmente, una vida inviable a través de la
llamada reanimación de dos funciones vitales, la respiratoria y la cardiaca, y
ello a pesar del coma irreversible del paciente, cuyo cerebro carece de
actividad. A la vista de lo expresado es fundamental conocer en qué situación
se encontraba la paciente. Obviamente, si estuviera muerta clínicamente, lo que
no consta, no habría dilema, puesto que efectivamente sólo se mantendría una
vida biológica. Lo que ha trascendido es que aparentemente se encuentra en un
proceso irreversible, irrecuperable. Pero esto ¿qué significa? Volvamos al
concepto. Podemos entender por enfermedad terminal, aquella enfermedad
incurable y progresiva con posibilidades limitadas de respuesta al tratamiento
especifico, asociada a la presencia de síntomas múltiples; con importante
impacto emocional tanto en el enfermo, como en la familia e incluso en el
equipo sanitario y que condiciona un pronóstico de vida limitado.
La toma de
decisiones ante el enfermo terminal suele ser siempre difícil y ha de basarse
necesariamente en la evaluación de la extensión global de la enfermedad; el
estado general previo del enfermo; la situación sintomática; las posibilidades
reales de respuesta terapéutica y el pronóstico previsible una vez establecidas
las medidas terapéuticas (IRURZUN). La agonía más que un síntoma de los
enfermos en fase terminal constituye la última fase de su enfermedad que abarca
desde las últimas horas hasta los 3-5 últimos días según los diversos autores
(aunque a veces este período puede ser más largo) y que se define como el
estado de dolor, lucha y sufrimiento que padecen las personas antes de morir de
aquellas enfermedades en las que la vida se extingue gradualmente. En esta
situación se produce un deterioro progresivo de las funciones físicas,
biológicas, emocionales y de relación con el entorno consecuencia de la
evolución de su enfermedad. La hidratación por sonda nasogástrica o por vía
endovenosa es habitualmente beneficiosa para un enfermo terminal, puesto que se
contribuye al bienestar del paciente; sin embargo en el caso del paciente
agónico, que normalmente es incapaz, la hidratación no aporta beneficios, y se
convertirá en un cuidado extraordinario, por lo que se aboga claramente por su
suspensión cuando se está ya en un proceso irreversible. Lo antedicho no es un
tema controvertido, al contrario, podemos decir que es pacífico en la doctrina
desde hace mucho tiempo, partiendo obviamente que nos encontremos en una
situación efectivamente irreversible. ¿Es posible que en este caso nos hayamos
encontrado, lo que es habitual, con personal médico que por
ignorancia/miedo/soberbia (táchese lo que no proceda) no ha tomado una decisión
que quizá tenía que estar muy clara? Ni siquiera podríamos recurrir siquiera al
recurso fácil de criticar una postura radical cristiana – que desde la
distancia, respeto mucho -, puesto que hasta la Congregación para la Doctrina
de la Fe en su Declaración de 5 de mayo de 1980, dice que "es lícito en
conciencia tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que producirían
únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia... (máxime
cuando a veces) las técnicas empleadas imponen al paciente sufrimientos y
molestias mayores que los beneficios que se puedan obtener de los mismos".
Y puede ser obligación moral cuando con la aplicación de tales medios extraordinarios
o desproporcionados sólo se consigue lo que la medicina francesa llama
"encarnizamiento terapéutico", que instrumentaliza al ser humano
(Juan Pablo II, a la "Academia Pontificia de Ciencias", 23-X-1982),
cuya dignidad es preciso "proteger en el momento de la muerte... contra un
tecnicismo que corre el riesgo de ser abusivo" (Juan Pablo II,
22-VII-1982). En la ortotanasia no hay eutanasia, ni positiva (porque el médico
no acelera positivamente la muerte del paciente), ni negativa (porque no priva
al paciente de los cuidados ordinarios) En la ortotanasia sólo se priva al
paciente de los medios extraordinarios, los cuales más que prolongar
razonablemente la vida serían una tentativa desesperada y hasta cruel de
prolongar la muerte. En tales casos, porque no se mata, no se hace morir, no
hay más que una "aceptación de la condición humana" y un dejar hacer
a la Naturaleza, contra la cual la lucha se hizo imposible (MARCOZZI). Es más,
visto lo anterior, no habría hecho falta recurrir a la tan citada ley andaluza
(Ley 2/2010, de 8 de abril, de Derechos y Garantías de la dignidad de la
Persona en el Proceso de la Muerte: “Artículo 8. Derecho al rechazo y a la
retirada de una intervención. 1. Toda persona tiene derecho a rechazar la
intervención propuesta por los profesionales sanitarios, tras un proceso de
información y decisión, aunque ello pueda poner en peligro su vida. Dicho
rechazo deberá constar por escrito. Si no pudiere firmar, firmará en su lugar
otra persona que actuará como testigo a su ruego, dejando constancia de su
identificación y del motivo que impide la firma por la persona que rechaza la
intervención propuesta. Todo ello deberá constar por escrito en la historia
clínica”), y ni siquiera a la ley 41/2002, que ya lo regulaba (art. 2.4: “todo
paciente o usuario tiene derecho a negarse al tratamiento, excepto en los casos
determinados en la ley. Su negativa al tratamiento constará por escrito”) tal
como indica incluso la primera (Artículo 18. Deberes respecto a la toma de
decisiones clínicas. 1. El médico o médica responsable, antes de proponer
cualquier intervención sanitaria a una persona en proceso de muerte, deberá
asegurarse de que la misma está clínicamente indicada, elaborando su juicio
clínico al respecto basándose en el estado de la ciencia, en la evidencia
científica disponible, en su saber profesional, en su experiencia y en el
estado clínico, gravedad y pronóstico de la persona afecta. En el caso de que
este juicio profesional concluya en la indicación de una intervención sanitaria,
someterá entonces la misma al consentimiento libre y voluntario de la persona,
que podrá aceptar la intervención propuesta, elegir libremente entre las
opciones clínicas disponibles, o rechazarla, en los términos previstos en la
presente Ley y en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre). Bastaba el sentido
común. Aunque ya sé que corren malos tiempos para este sentido. Quedan muchas
preguntas en el aire dadas las limitaciones de las noticias extraídas de los
medios de comunicación, quizá una de las más interesantes es saber si hubo, al
menos la posibilidad, de consultar el Comité de Ética Hospitalaria, caso de que
existiese.”
martes, 25 de agosto de 2015
UN ANIVERSARIO: LOS SECRETOS INCONFESABLES DEL KATRINA
El 23 de agosto de 2005 el huracán Katrina se formó sobre las Bahamas y
cruzó el sur de Florida como un huracán de categoría 1 moderado, causando
algunas muertes e inundaciones antes de fortalecerse rápidamente en el golfo de
México. Tras haber alcanzado la categoría 5, la tormenta se debilitó antes de
tocar tierra por segunda vez como un huracán de categoría 3 el 29 de agosto en
el sudeste de Luisiana. El Katrina devastó las costas del golfo desde Florida a
Texas debido a su intensificación. El mayor número de muertes se registró en
Nueva Orleans, que quedó inundada porque su sistema de diques falló,
colapsándose muchos de ellos varias horas después de que el huracán hubiese
continuado tierra adentro. El 80% de la ciudad así como grandes superficies de
parroquias colindantes quedaron anegadas, manteniéndose así durante semanas.
En medio de la inundación que siguió al huracán, un grupo de médicos y
enfermeras del hospital más importante de Nueva Orleans se enfrentó a decisiones
dramáticas: ¿qué hacer con los enfermos más críticos? Inyectarles sedantes para
apresurar su muerte y concentrarse en salvar a los pacientes con más
posibilidades de vivir fue la opción. Los dilemas bioéticos que tuvieron que
plantearse fueron impresionantes. Poco se ha hablado de las dramáticas situaciones
vividas en unas circunstancias que llevaron al límite las conciencias, porque en
definitiva, ¿usted que hubiera hecho?
En recuerdo de aquéllos hechos se reproduce la segunda parte y final del reportaje del “The
New York Times Magazine”, que corrió a cargo de Sheri Fink
“Karen Wynn, la enfermera de Cuidados
Intensivos, dijo que no tenía miedo de permanecer en el hospital después del
toque de queda de las 5 pm anunciado por la policía estatal. Ella ya había
decidido ignorar el plazo de evacuación y quedarse en el hospital hasta que
todos los sobrevivientes hubieran sido sacados de ahí. Estaba motivada por lo
mal que se veían los pacientes, dijo.
Wynn contó que se acercó a una mujer anciana que
estaba inconsciente y con una respiración trabajosa. Ella preparó una jeringa
con morfina y midazolam, la inyectó lentamente en el suero de la mujer y
observó su respiración disminuir. La mujer murió poco después, lo que no
perturbó a Wynn porque ella ya se veía cercana a la muerte. Wynn me dijo que a
esas alturas todo lo que el equipo podía ofrecer era "comodidad, paz y
dignidad". "Hicimos lo mejor que pudimos. Era lo correcto bajo las
circunstancias".
"Pero incluso si hubiera sido eutanasia, no
es algo que no hagamos realmente cada día. Sólo ocurrió bajo un nombre
diferente", añadió.
John Thiele, pulmonólogo, les dio a otros
pacientes una inyección de morfina y midazolam en dosis que él dijo eran
mayores de lo que normalmente usaban en la Unidad de Cuidados Intensivos. Él
tomaba sus manos y los tranquilizaba: "Todo está bien". La mayoría de
los pacientes, me dijo Thiele, murieron a los minutos de ser medicados. Pero
Emmet Everett, un robusto hombre afroamericano, no.
Su boca estaba abierta, su respiración era difícil y todos podían escuchar su horroroso ruido de muerte. Thiele intentó
con más morfina. Intentó rezar. Puso su mano en la frente del hombre. Juntos
cantaron: "Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es
contigo". Recitaron el Padrenuestro. Rezaron para que el hombre muriera.
El hombre siguió respirando, y Wynn dijo que
ella y sus colegas tomaron eso como un signo, "Dios dijo Ok, pero no estoy
listo para él. O él no estaba listo". Ella recuerda cuando lo pasaron a través del agujero en la pared en su camino a los helicópteros de evacuación. Thiele tiene un recuerdo diferente de lo que pasó. "Cubrimos su cara con una toalla", hasta que dejó de respirar", me dijo.
Afirmó que tomó menos de un minuto que el hombre
muriera y que no sufrió. "Esto era totalmente contra cada fibra en mi
cuerpo", me dijo Thiele, pero también agregó que sabía que era lo
correcto. "Estabamos abandonados por el gobierno, estabamos abandonados
por Tenet (Healthcare, dueño corporativo del Memorial), y claramente nadie iba
a cuidar a esta gente en sus momentos de muerte". Añadió: "Hice lo
que habría querido que hicieran por mí si los roles fueran dados vuelta".
Tanto Thiele como Wynn recuerdan que ellos, Pou
y los otros enfermeros, cubrieron los cuerpos de los muertos y los llevaron a la
capilla. "Fue muy respetuoso", me dijo Thiele.
"No es como pensarías".
ESA TARDE, el patólogo del Memorial y el
director del laboratorio recorrieron el hospital, piso por piso, para hacer
registros de los muertos y asegurarse de que nadie vivo fuera dejado atrás.
Encontraron a Pou en el séptimo piso con una enfermera. Pou estaba trabajando
con el suero de un paciente que parecía apenas vivo.
El doctor John Walsh, un cirujano, me dijo que
estaba sentado en un banco, demasiado cansado para moverse, cuando Pou y el
patólogo bajaron por las escaleras. Pou parecía alterada. Se sentó a su lado.
"¿Qué pasa?", le preguntó. Ella mencionó algo sobre un paciente, o
pacientes, muriendo y sobre alguna gente, cuestionándola.
Walsh había conocido a Pou hace sólo un año,
pero él sabía, me dijo, que ella era compasiva y dedicada a sus pacientes.
"Estoy seguro de que hiciste lo correcto", recuerda que le dijo.
"Va a salir todo bien".
Durante el día, botes y helicópteros vaciaron el
hospital de casi todos sus pacientes y visitantes. Alrededor de las 9 pm,
Rodney Scott, el paciente obeso en Cuidados Intensivos, por fin fue cargado
hasta el helipuerto. Pesando más de 300 libras e incapaz de caminar, Scott era
el último paciente vivo que dejó el hospital. Se sintió aliviado. Los cuatro
hombres que lo llevaban, gritaban: "¡Empujen, empujen!" y llevaban su
pesada silla de ruedas al helicóptero de la Guardia Costera.
Scott, Thiele y Wynn fueron llevados por
separado al Aeropuerto Internacional de Nueva Orleans, donde el calvario continuó.
Cientos de pacientes de hospitales y en cuidado domiciliario habían sido
dejados ahí desde las zonas inundadas; eran recibidos por equipos de manejo de
desastres que estaban tan escasos de personal y de materiales, que no podían
proveer ni siquiera cuidados de enfermería básicos a muchos pacientes.
Reflexionando en la escena del aeropuerto, Thiele me dijo que si los pacientes
inyectados con drogas hubieran logrado llegar hasta ahí, "no habrían
sobrevivido".
EL DILEMA DEL JUEZ DE INSTRUCCIÓN
El domingo 11 de septiembre de 2005, 13 días
después del huracán, los trabajadores de los servicios mortuorios recuperaron
45 cuerpos descompuestos del Hospital Memorial. Al día siguiente, el fiscal
general de Louisiana, Charles Foti Jr., abrió investigaciones sobre las muertes
en hospitales durante el huracán Katrina. El Departamento de Justicia pronto
recibió llamados con denuncias de pacientes abandonados y de eutanasias.
Después de las autopsias, los trabajadores del
laboratorio de Pennsylvania detectaron morfina en nueve cuerpos -los mismos
nueve pacientes que el staff de Life Care identificó como víctimas potenciales.
La oficina del fiscal general contrató a Cyril
Wecht, un patólogo forense, para revisar evidencias en las muertes de cuatro
pacientes cuyos informes toxicológicos completos y antecedentes médicos fueron
obtenidos primero: Emmett Everett, Rose Savoie y otros dos pacientes de
LifeCare. Wecht concluyó que las cuatro muertes fueron homicidios, causadas por
intervención humana.
Después de meses de entrevistas y de recolección
de documentos, los investigadores llegaron a creer, dicen, que los doctores y
enfermeras aplicaron la eutanasia a dos docenas de pacientes en el Memorial.
Pero los antecedentes médicos eran necesarios para respaldar las evidencias y
de acuerdo a los investigadores, los abogados de Tenet dijeron que muchos de
los que pertenecían a los pacientes del Memorial no estaban disponibles.
Armados con los testimonios de trabajadores de LifeCare y los antecedentes
médicos de cuatro pacientes del séptimo piso, los fiscales del estado
decidieron que su caso más potente era contra Anna Pou y las enfermeras
Cheri Landry y Lori Budo por esas muertes.
ALREDEDOR DE LAS 9 pm, el 17 de julio de 2006
-casi un año después de las inundaciones de Katrina-, Pou abrió la puerta de su
casa y se encontró con agentes federales y estatales con armas, diciéndole que
tenían una orden para arrestarla por cuatro asesinatos en segundo grado (Landry
y Budo fueron arrestadas esa misma noche).
Mientras la investigación del gobierno
progresaba, Carrie Everett, la viuda de Emmet Everett, habló en CNN. Después
del huracán Katrina ella buscó durante dos semanas a su esposo antes de
enterarse de que estaba muerto. Demandó por homicidio culposo a Tenet,
LifeCare, Pou, Landry y Budo.
"¿Quién les dio el derecho de jugar a ser
Dios?", demandó la señora Everett. "¿Quién les dio ese
derecho?".
MINYARD, EL JUEZ de instrucción, trajo a Cyril
Wecht, Michael Baden -dos conocidos patólogos forenses- y Robert Middleberg, el
director del laboratorio de toxicología donde las muestras de autopsias fueron
testeadas, para discutir los descubrimientos toxicológicos.
Los archivos mostraban que más de la mitad de
los 41 cuerpos del Memorial que fueron analizados por Middleberg tenían morfina
o midazolam, o ambos. Midddleberg había manejado miles de casos en su carrera,
y la alta concentración de drogas encontrada en varios de los pacientes se
destacaba como totalmente fuera de lugar", me dijo.
El grupo consideraba a la paciente de 90 años
Alice Hutzler, cuya enfermera de LifeCAre, Gina Isbell, había prometido
cuidarla durante el huracán. La morfina y midazolam fueron encontrados en su
hígado, cerebro y tejido muscular, pero ninguna de las drogas había sido
recetada, según su registro médico, el que contenía notas hasta la noche
anterior de su muerte el 1 de septiembre. El registro mostraba que ella estaba
"descansando tranquilamente" la tarde anterior, y durante las noches
sus enfermeras no documentaron ninguna queja de dolor o sufrimiento que
indicara que necesitaba las drogas.
Hutzler fue una de las nueve pacientes de
LifeCare encontradas en el séptimo piso con una de ambas drogas en su sistema.
Todas fueron vistas vivas la mañana del 1 de septiembre, y todas fueron
registradas como muertas por el patólogo del Memorial esa tarde.
"Homicidio", escribió Wecht en una
hoja de papel con el nombre de Hutzler arriba, subrayada dos veces.
"Homicidio", escribió en siete de los otros ocho pacientes del piso
siete, incluyendo a Emmett Everett, Wilda McManus y Rose Savoie. La última
paciente, cuyos archivos indican que estaba cercana a la muerte, la marcó como
indeterminada. Baden dijo que pensaba que los nueve eran homicidios.
El grupo consideró una muerte en el octavo piso
en Cuidados Intensivos: Jannie Burgess era la paciente en coma que fue
encontrada por Ewing Cook cuando subió las escaleras en el calor del miércoles
31 de agosto. La ficha médica de Burgess mostraba que le dieron 15 miligramos
de morfina siete veces el miércoles entre las 2:10 pm y las 3:35 pm bajo
órdenes de Cook. Más de sietes veces la dosis máxima que ella estaba recibiendo
en Cuidados Intensivos. Pero como ya se le administraba desde antes morfina por
su cáncer avanzado, ella no era "un caso claro y sólido", escribió
Wecht en sus notas. Marcó su muerte como indeterminada.
Además de los nueve casos que permanecieron en
el piso de LifeCare y Burgess, el grupo también revisó 13 pacientes del
Memorial y de LifeCare cuyas muertes fueron registradas en el segundo piso.
(Otras muertes también parecieron sospechosas para los investigadores, pero
como no todos los cuerpos fueron testeados por drogas después de la autopsia,
no fueron considerados). De esos 13, nueve tuvieron positivo el midazolam y
cuatro la morfina, también. Los investigadores en el hospital encontraron
recetas por grandes cantidades de morfina para tres de ellos, incluyendo a
Carrie Hall, la mujer que peleó con fuerza por sobrevivir en la noche del
miércoles. Las recetas tenían fecha jueves 1 de septiembre, y fueron firmadas
por la doctora Anna Pou.
A pesar de las enfáticas opiniones de Wecht y
Baden acerca de que las muertes de LifeCare fueron resultado de inyecciones de
drogas, Minyard quería información adicional para tomar la decisión. Envió los
antecedentes de los pacientes a otros tres expertos para una revisión
independiente.
"Homicidio", concluyó el doctor Frank
Brescia, un especialista en cuidados paliativos, de cada uno de los nueve
casos. "Homicidio", escribió el doctor James Young, el ex juez de
instrucción en jefe de Ontario, Canadá, quien era entonces presidente de la
Academia Americana de Ciencias Forenses. "Todos estos pacientes
sobrevivieron los eventos adversos de los días anteriores, y que cada paciente
de un solo piso haya muerto en un período de tres horas y media intoxicado con
drogas está más allá de las coincidencias".
Un especialista en medicina interna concluyó que
mientras los antecedentes médicos y autopsias de varios pacientes revelaban
problemas que razonablemente podrían haber llevado a sus muertes, la mayoría de
los archivos de los pacientes, no. En su informe a Minyard, escribió que era
"evidente" que Emmett Everett estaba "en condición médica
estable sin evidencias claras de que la muerte era inminente". (El abogado
de Pou dice que Everett es casi seguro que murió de un paro al corazón y no de
una sobredosis de medicación).
Mientras Minyard deliberaba, continuó sus
propias investigaciones, invitando a administradores de LifeCare a su oficina.
Sus historias se enfocaban en Anna Pou. Minyard nunca había conocido a Pou,
pero dos meses después de su arresto él la observó defenderse a sí misma y a
sus colegas enfermeros con pasión en 60 Minutos. "Quiero que todos sepan
que no soy una asesina", dijo ella en televisión. "No creo en la
eutanasia".
Después del reportaje, algunos de los colegas de
Minyard cuestionaron que siguiera investigando el caso. El día después del
programa, la Asociación Médica Estadounidense publicó una declaración: "La
A.M.A. está orgullosa de los numerosos médicos heroicos y otros profesionales
de salud que se sacrificaron y se distinguieron tras las desgracias del Huracán
Katrina".
Minyard me dijo que después de que Pou
apareciera en televisión, él tuvo urgencia de conocerla y tratar de "tener
una impresión de ella". E invitó al abogado de Pou a traerla a su oficina
para una visita.
Pou se sentó frente a Minyard, "una dama
muy amable, una verdadera y encantadora dama sureña". Pronto se
encontraron descubriendo amigos mutuos y hablando sobre sus familias alrededor
de una hora. Ella le dijo que había estado tratando de aliviar el dolor y el
sufrimiento. Dado que el abogado de Pou estaba ahí, Minyard fue cuidadoso de no
hacerle preguntas directas sobre lo que había hecho. Las condiciones que ella
describió en el Memorial lo llevaron de vuelta a los días que él pasó atrapado
en la corte después del Katrina. Lo preciosas que el agua y la comida se
volvieron. Cuán imposible era dormir en la noche con disparos de armas sonando
alrededor.
Pero Minyard me dijo que creía que él habría
tratado de salvar al menos a Emmett Everett. Que debería haber existido un modo
de llevar a un hombre de 380 libras por las escaleras. También molestó a
Minyard que la documentación sugería que pocos de los pacientes ancianos que
murieron estaban siendo tratados contra el dolor.
Minyard buscó consejo del bioeticista Arthur
Caplan. Caplan revisó los archivos y concluyó que a los nueve pacientes del
séptimo piso les fue aplicada la eutanasia, y que la forma en que se les dieron
las drogas fue "no consistente con los estándares éticos de los cuidados
paliativos en Estados Unidos". Esos estándares son claros, escribió
Caplan, en que la muerte del paciente no puede ser la meta de un tratamiento de
un doctor.
A pesar de todas las determinaciones de expertos
de que se trataba de homicidios, Minyard consultó otro patologo, el doctor
Steven Karch. Karch voló a Nueva Orleans, examinó la evidencia
y concluyó que era absurdo tratar de determinar las causas de muerte en cuerpos
que habían estado a 35 grados durante 10 días. En todos esos casos, él aconseja,
la causa médica de muerte debe permanecer indeterminada.
El juez de instrucción creía que si el caso iba
a juicio, la defensa traería a alguien como Karch para proveer de duda
razonable. "Perderíamos el caso", me dijo Minyard. "No sería
bueno para la ciudad, para la recuperación. Había un contexto más grande que yo
tenía que considerar más allá de la pura base científica". Tomar una vida voluntariamente era "una
cosa muy mala", pensaba. "Sólo Dios sabe cuándo vas a morir". El
caso le quitaba el sueño de noche. Llamó a expertos una y otra vez en busca de
apoyo y consejo.
LA DECISIÓN DEL JURADO
En marzo de 2007, los jurados que considerarían
el destino de Anna Pou fueron llamados y comenzaron a reunirse una vez a la
semana en secreto. Minyard me dijo que al final decidió que cuatro de las nueve
muertes en el séptimo piso fueron homicidios, incluyendo a Emmett Everett y
Rose Savoie. También dijo de Pou que ella no planeaba matar a nadie, "pero
se ve como si lo hubiera hecho".
El jurado escuchó a Minyard, pero no a los
expertos forenses; ni tampoco a dos miembros de la familia que estuvieron
presentes en el piso de LifeCare durante la mayor parte de la terrible
experiencia; tampoco escucharon al investigador del Departamento de Justicia,
que trabajó en el caso un año y recolectó 50 mil páginas de evidencia. Sólo dos
de los principales testigos de LifeCare fueron traídos frente al jurado al
final del proceso. Budo y Landry, que habían expresado públicamente su apoyo a
Pou.
Los jurados vivían entre el público general, el
que estaba firmemente de lado de Pou. Pou tuvo a una de las principales
agencias de relaciones públicas de Nueva Orleans representándola. Una encuesta
arrojó que pocos habitantes de New Orleans aprobaban el proceso contra Pou. El
17 de julio de 2007 se reunió una multitud para conmemorar el primer
aniversario del arresto de Pou en City Park. Portavoces hablaban directamente
al gran jurado por televisión, advirtiendo que los profesionales médicos
dejarían Luisiana si un doctor era procesado después de servir en un desastre.
La semana del mitin los jurados dejaron de
escuchar evidencias. El fiscal del distrito presentó un cargo de asesinato en
segundo grado en el caso de Emmett Everett y nueve cargos por complicidad para
cometer asesinato en segundo grado, uno por cada uno de los pacientes de
LifeCare. Esto significaba que a los jurados se les pidió
decidir si la evidencia que escucharon los persuadía de que Pou había tenido
una "intención específica de matar".
El 24 de julio de 2007, los jurados llenaron la
Sección E de la corte del distrito de Orleans. El juez Calvin Johnson leyó en
voz alta los 10 cargos de la acusación. El gran jurado no acusó a Pou de
ninguno de ellos.
CUATRO AÑOS DESPUÉS del Katrina, Rodney Scott,
el paciente a quien Ewing Cook tomó por muerto, todavía estaba vivo. Scott está agradecido de estar con su familia.
Dice que no sabe si ocurrieron eutanasias en el hospital, pero si fue así, se
pregunta qué habrían estado pensando los doctores y enfermeras. "¿Cómo
puedes decir que la eutanasia es mejor que la evacuación?", me preguntó.
"Si tienen signos vitales -dijo-, sácalos de ahí. Deja que Dios tome esa
decisión".
El debate entre profesionales médicos sobre cómo
manejar desastres se está intensificando con Pou y su versión de lo que pasó en
el Memorial. En una conferencia para ejecutivos de hospitales hace unos meses
en Chicago, ella no mencionó que inyectó a pacientes, diciendo que los
helicópteros llegaron en la tarde del jueves 1 de septiembre, y "fuimos
capaces de evacuar al resto". Pou proyectó la foto de su arresto en la
pantalla mientras argumentaba a favor de leyes que protegieran a trabajadores
de salud de responsabilidades civiles y criminales en desastres.
Sheri Fink.”
miércoles, 19 de agosto de 2015
"HER": una lectura ...
Es cierto, a primera vista nos puede parecer inverosímil.
Pero en cuanto seamos capaces de evitar esos prejuicios, inevitables, por los
que pretendemos situarnos muy alejados de lo que acontece, reconoceremos esa dinámica cada día más presente. No hace falta
rebuscar demasiado, basta con mirar a nuestro alrededor, es tanta la gente cuya
vida depende de una pantalla... en definitiva de un sistema operativo, de igual
forma que el protagonista de esta cautivadora película, adusta y seca, porque no
necesita más adorno que el grito mudo que está presente continuamente en la
desesperada soledad de un Joaquín Phoenix perfecto en su papel. Es una película
real, quizás demasiado real, porque aunque la trama fílmica parezca plantear
una increible situación, incluso ridícula, lo cierto es que no deja de ser una simple
metáfora de lo que está presente en nuestra sociedad. El protagonista de “Her”
(Spike Jonze, Estados Unidos, 2013) ha encontrado simplemente lo que buscaba,
alguien hecho a su imagen y semejanza, alguien perfecto y que le dá todo,
incluso el sexo. El sexo es virtual, pero ¿no es lo que acontece hoy en día?
La clave de lectura del film se encuentra en la respuesta
de Theodor (J. Phoenix) en el protocolo de iniciación del sistema operativo,
cuando se le pregunta por su madre: “How would you describe your relationship
with your mother? Fine, I think, ahm, well actually… I think, what is
always frustrating about my mom is... you know, if I tell her something that is
going on in my life, her reaction is usually about her, it`s not about...”
“Her” al inicio de la frase “if I tell her something that
is going on in my life, her reaction is usually about her” opera como adjetivo
posesivo, y se refiere a la reacción asignada a un sujeto del que se habla,
sujeto que reaparece como pronombre objeto de una preposición deja tras de sí
al “yo” de la enunciación, finalmente, el aparato no da tiempo a Theodor de
cerrar la frase con el “me” correspondiente (R. Olmedo).
Todo lo anterior viene a resultas de volver a visionar
una vez más la citada película, que me sigue pareciendo una perfecta metáfora
del presente, una película extraordinariamente sensible y dura a la vez. La
base del argumento parece una excentricidad, y es un comentario general al
respecto: ¿quién puede enamorarse de un sistema operativo? Es evidente que este
aspecto es una disculpa, una mera herramienta narrativa, en definitiva, repito,
una simple metáfora, porque Her es una película de amor, de amor y soledad
extrema, de desesperación… Llevado al campo musical podría compararse con una sombría
y maravillosa canción de amor “Estrella de la Muerte” (Iván Ferreiro): “Mátame/ Mátame mucho/ Estrella de la muerte/ Cibernética Eterna/ Estrella
plateada... / Y no dejes que jamás se junten los trozos del cristal... / Ni el
bien ni el mal... /Estrella estrellita / Mátame por vanidad / Y no me mates
como a todos / Desde tu vientre explotaré / … / Si tu lengua es meteoro / Que
la mía sea de cristal / Que me mande unas palabras que me hagan tiritar... / Quiero
que me alcances, que me alcance / Tu rayo sideral... / Estrella de la muerte, Cibernética
eterna...”
Recordemos brevemente el argumento: En un futuro cercano,
distópico, donde las personas viven y se relacionan a través de redes sociales
informáticas y la interacción con las máquinas se define como normal, Theodore,
un escritor de cartas por encargo, con un divorcio traumático a cuestas, vive
en perpetua melancolía, rodeado de “gadgets”, y adquiere un nuevo sistema
operativo. Diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario, es
intuitivo, escucha y entiende, y lo programa con voz femenina, que responde; es
"Samantha", agradable, simpática, divertida, compasiva, sabe
escuchar, da buenos consejos y para sorpresa de Theodore, y de los
espectadores, ambos no tardan en
enamorarse, y a nadie parece extrañar, es plenamente aceptado por sus amistades,
y llega hasta tal punto, es tan íntima su interacción, que incluso rechaza relaciones
reales. Las cuestiones se agolpan rápidamente, llevándonos a preguntarnos si la
ausencia de cuerpo conlleva la existencia de emociones reales.
Quizá lo que ha
encontrado es su propia conciencia, la posibilidad de que exista puede que no
sea tan importante, puesto que lo que le importa es lo que podría ser, no lo
que es. Es un grito desesperado en una noche fría y perpetua.
El hecho de conocer que es máquina nos hace desprendernos
de intentar entender a “Samantha”. Pero dudo que se haya planteado en el guión despreciar
ese aspecto. La realidad en que nos movemos, y está a nuestro alrededor de una manera
mucho más amplia de lo que pensamos, nos lleva a no despreciar las relaciones
virtuales, y a “Samantha” hay que leerla desde ese punto de vista. Los actuales
dispositivos informáticos permiten “conocer” y “mantener relaciones” con
personas que ni conocemos personalmente, ni pensamos conocer. No es necesario.
El mundo en que se mueven se limita al propio “yo”, no hace falta conocer físicamente
a nadie, puesto que esta relación se centra en el propio sujeto, y no es
necesario conectar emocionalmente con otro individuo. La soledad explica este
contexto. Se buscan relaciones no para dar sino exclusivamente para recibir. Es
una autosatisfacción, y en cierta medida “Samantha” quiere representar ese
aspecto, tiene relaciones con miles de “usuarios” y se “enamora” de cientos de
ellos. El círculo se cierra. Cada uno ha encontrado en su relación lo que
buscaba. Es la realidad. Luego vienen las decepciones y los desengaños, por
ambas partes, pero al menos se nos da una escapatoria final “humana”, pero podría
haber sido cualquier otra, igualmente creible y puede que más cierta …
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