jueves, 11 de diciembre de 2014

Joseph J. Fins Honored by Royal National Academy of Medicine in Spain

Noticia del Hastings Center, Bioethics and Public Policy,

Joseph J. Fins, a member of The Hastings Center's board of directors and  Hastings Center Fellow, was inducted into Spain's Royal National Academy of Medicine at a ceremony in Madrid last month.

He was named an Academico de Honor (Honored Academic), a designation conferred on only 18 people worldwide. He was introduced by the father of Spanish bioethics, Diego Gracia Guillen, also a Hastings Center Fellow, who cited his work in developing methods of ethics case consultation and advancing understanding of disorders of consciousness. Dr. Fins gave a talk on severe brain injury in the context of human rights, the subject of his new book,
Rights Come to Mind: Brain Injury, Ethics and the Struggle for Consciousness,
which will be published in 2015 by Cambridge University Press.

Dr. Fins is chief of the division of medical ethics at Weill Cornell Medical College in New York, where he is the E. William Davis Jr., MD, Professor of Medical Ethics and a professor of medicine. He is also co-director of CASBI, Consortium for the Advanced Study of Brain Injury at Weill Cornell and Rockefeller University.

He is immediate past president of the American Society for Bioethics and Humanities, a Fellow of the Institute of Medicine of the National Academy of Sciences, and a Fellow of the American Academy of Arts and Sciences.
 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Dilemas éticos al final de la vida ...

Reproduzco a continuación el último párrafo del artículo publicado hoy en el diario La Provincia, de Las Palmas de Gran Canaria, por el conocido médico e investigador Jesús Villar. Dicho artículo, titulado "Momentos difíciles", relata los difíciles y angustiosos momentos a la hora de tomar decisiones en pacientes terminales. El artículo finaliza diciendo
"Es difícil ofrecer una solución a los dilemas éticos, sobre todo los relacionados con el final de la vida cuando la recuperación no es que sea improbable sino imposible. Cada historia está influenciada por desacuerdos que surgen porque hemos creado un sistema sanitario que es en parte autónomo, en parte justo, en parte para ofrecer beneficio y en parte para no perjudicar. Estas partes o principios son nuestro marco ético. El peso que damos a cada principio depende de nuestra moral individual. De ahí la necesidad de contar con especialistas de ética en los hospitales que sepan interpretar, amparar y proteger las necesidades de pacientes, familiares y profesionales sanitarios, para dar respuestas a lo que hacen, a lo que tienen que hacer y a lo que no quieren hacer. "

viernes, 3 de octubre de 2014

EL ABORTO NO ES CUESTIÓN DE IDEOLOGÍA


Otra encuesta publicada por el diario EL PAIS ratifica lo ya expresado en varias ocasiones: el aborto no es cuestión de ideología.
Según esta encuesta, la retirada del pretendido proyecto de ley de aborto fue apoyada por la mayoría de votantes del partido del gobierno actual:
“La decisión no solo es respaldada por la mayoría de los votantes del PP; también por la mayoría de los encuestados que se declaran católicos (69%). Incluso entre los católicos practicantes son más quienes están de acuerdo con la retirada de la ley (47%) que quienes están en contra (42%). Por edades, el rechazo al anteproyecto de ley de Gallardón se da sobre todo entre los menores de 18 años (un 84% aplaude la retirada de la ley), aunque también es muy mayoritario entre quienes tienen de 35 a 54 años (79%) y entre los mayores de 65 años (el 64% está e acuerdo con la rectificación del Gobierno)”.
 
El aborto, en su eterno retorno, nos devuelve a una discusión nunca resuelta. Como hemos dicho en otra entrada (22-02-12, el aborto y la política), uno de los tópicos que más se repiten en la cuestión del aborto dice que la opinión que se tiene sobre el mismo radica en la ideología política que se tenga. Se ha convertido en un MITO, uno más, que impide el necesario sosiego y reflexión en una cuestión tan importante y trascendente que exige encontrar un punto de encuentro responsable para las distintas sensibilidades  alejado del bullicio político que niega la obligada calma para ello.
Cuesta entender que en un partido político no todo el mundo piensa igual, y no obstante exista una postura oficial eso no implica que todo ciudadano, afiliado o simpatizante, tenga la obligación de opinar lo mismo. El aborto es un tema muy sensible, de gran trascendencia y que hay que separar de discursos políticos, por mucho que se empeñen algunos en guiarnos por el mismo camino, en uno u otro sentido.
Recordemos lo que entonces se decía y que se repite ahora: “Los ciudadanos están divididos incluso dentro de los dos grandes bloques de votantes del PP y del PSOE. Una mayoría de los encuestados, el 47%, apuesta por el sistema de plazos vigente. Sin embargo, un 43% defiende el otro sistema, que supone considerar el aborto un delito despenalizado en algunos supuestos.
El 25% de los votantes del PP apuesta por un sistema de plazos, que su Gobierno va a eliminar, y el 32% de los socialistas defiende los supuestos que derogó el PSOE, lo que demuestra también esa división interna”.

jueves, 21 de agosto de 2014

"Un médico tiene que ser buena persona" (Carmen Murias, oncóloga)

Tenemos que destacar, inevitablemente, las palabras de la oncóloga Carmen MURIAS, en una entrevista realizada por la periodista Amparo Montero en el periódico "La Provincia", de Las Palmas de Gran Canaria, en su edición del martes, 19 de agosto pasado, sobre el siempre latente tema de la relación médico-paciente:

"Creo que hay que ser buena científica, buena médico, pero sobre todo, hay que ser buena persona. Ser buena científica y médico es relativamente fácil, porque te pones a estudiar un poco más, vas a congresos, reuniones y lo encuentras en los libros, pero lo que creo que diferencia a un médico de otro es el ser buena persona y saber llevar a los pacientes y a veces es eso fallamos un poquito y bueno, es lo que yo intento ser".

En dicha entrevista, la especialista se muestra claramente partidaria de la medicina integrativa - que merece un comentario aparte - "porque el paciente no tiene que verse solo como un cuerpo y una enfermedad, sino como un conjunto entre cuerpo y mente".

Dicha reflexión nos hace recordar las palabras - que resaltabamos en nuestra trabajo "El  Nuevo Paternalismo en la Relación Médico-Paciente"  - del conocido líder espiritual y escritor,  amén de afamado médico endocrinólogo, DEEPAK CHOPRA, que comentaba que

 “los médicos occidentales son grandes técnicos que lo saben casi todo sobre el cuerpo humano, pero para ayudar a sanar hace falta algo más que ser un técnico. El cuerpo humano es mucho más que la suma de sus partes, pues interacciona con la mente, con el alma, con la conciencia y con la energía. La dimensión espiritual entra también en ese terreno. Si quieres ser un buen médico no puedes descartar lo que no ves: tienes que intentar entender lo que no es palpable".

En definitiva, una nueva manera de entender la medicina, y tal como decíamos en "La aparición de un nuevo tipo de paciente en la relación terapéutica y el neopaternalismo médico" (Bioética-Debat, Instituto Borja de Bioética) :

"Es común entre los pacientes el comentario de que le ayuda más un médico que sabe atenderle, que no un técnico maravilloso subido a un pedestal. La verdadera supremacía del médico sobre el paciente no la da solamente el hecho de que el médico “sabe más”, - y esto será siempre así -, sino que es consciente de que el paciente pone su salud, si no es su vida, en sus manos. Por ello el paciente necesita no tanto un avanzado técnico - realmente hoy en día se han igualado bastante los diagnósticos y tratamientos médicos en una sociedad avanzada y moderna - sino alguien que lidere su esfuerzo, y que con su colaboración absoluta le dirija y conduzca de la mano por el bosque de la enfermedad hasta llegar a su curación.


La RMP sugerida y basada en este nuevo paternalismo parte de esta premisa, rehabilitar la confianza en el seno de la relación médico-paciente como única vía de volver a estimar al médico como autoridad moral frente al paciente, en orden a superar la dicotomía que atrofia la RMP en la actualidad y que se origina en la absoluta separación de los elementos que la componen, médico y paciente, cuyo único nexo de unión se basa en una igualdad jurídicamente impuesta pero no aceptada.


En consecuencia se trata de reconocer no sólo la distancia científica que separa a ambas partes, sino las distintas funciones que en ese microcosmos de sistema social que es la RMP asume cada una de ellas. Es un paternalismo benefactor, integrador, respetuoso por el mutuo reconocimiento de la necesidad que se tiene del “otro”, en una relación sinérgica, “naturalmente asimétrica”.

Porque compartir decisiones con el paciente no significa delegar la responsabilidad como sanitarios sino dar al paciente el papel que tiene y garantizar un mayor cumplimiento terapéutico. Quizá lo que sea necesario en estos momentos además de un “paciente inteligente” sea también un “médico inteligente”.

En definitiva, bajo esta nueva óptica del Nuevo Paternalismo Médico, ambos protagonistas médico y paciente, deben permanecer en el mismo plano horizontal, pero no a cada uno de los extremos de la línea que les une, mirándose enfrentados, sino juntos, uno al lado del otro, y mirando en la misma dirección, pues su objetivo es el mismo".

martes, 12 de agosto de 2014

Ébola: ética del tratamiento

¿Se puede correr el riesgo de administrar un medicamento contra el ébola en fase preclínica del que se desconocen los potenciales efectos secundarios? ¿Es el mal menor darlo de forma limitada y excepcional?

La OMS pregunta a expertos tanto si se debe usar fármacos experimentales como a quién ofrecerlos.

La organización internacional responderá a dos cuestiones. La primera plantea si se puede dar a los pacientes fármacos que no han pasado por las estrictas fases del desarrollo y autorización de los medicamentos. La segunda tiene que ver con el acceso a este producto cuando las dosis disponibles son escasas. ¿Quién debería recibirlas?

Artículo publicado en EL PAÍS