"Los hombres dejan de entenderse porque el significado de las palabras ya no tiene la misma relación con las cosas, porque los hombres han cambiado los significados a su arbitrio"
Tucídides

jueves, 21 de agosto de 2014

"Un médico tiene que ser buena persona" (Carmen Murias, oncóloga)

Tenemos que destacar, inevitablemente, las palabras de la oncóloga Carmen MURIAS, en una entrevista realizada por la periodista Amparo Montero en el periódico "La Provincia", de Las Palmas de Gran Canaria, en su edición del martes, 19 de agosto pasado, sobre el siempre latente tema de la relación médico-paciente:

"Creo que hay que ser buena científica, buena médico, pero sobre todo, hay que ser buena persona. Ser buena científica y médico es relativamente fácil, porque te pones a estudiar un poco más, vas a congresos, reuniones y lo encuentras en los libros, pero lo que creo que diferencia a un médico de otro es el ser buena persona y saber llevar a los pacientes y a veces es eso fallamos un poquito y bueno, es lo que yo intento ser".

En dicha entrevista, la especialista se muestra claramente partidaria de la medicina integrativa - que merece un comentario aparte - "porque el paciente no tiene que verse solo como un cuerpo y una enfermedad, sino como un conjunto entre cuerpo y mente".

Dicha reflexión nos hace recordar las palabras - que resaltabamos en nuestra trabajo "El  Nuevo Paternalismo en la Relación Médico-Paciente"  - del conocido líder espiritual y escritor,  amén de afamado médico endocrinólogo, DEEPAK CHOPRA, que comentaba que

 “los médicos occidentales son grandes técnicos que lo saben casi todo sobre el cuerpo humano, pero para ayudar a sanar hace falta algo más que ser un técnico. El cuerpo humano es mucho más que la suma de sus partes, pues interacciona con la mente, con el alma, con la conciencia y con la energía. La dimensión espiritual entra también en ese terreno. Si quieres ser un buen médico no puedes descartar lo que no ves: tienes que intentar entender lo que no es palpable".

En definitiva, una nueva manera de entender la medicina, y tal como decíamos en "La aparición de un nuevo tipo de paciente en la relación terapéutica y el neopaternalismo médico" (Bioética-Debat, Instituto Borja de Bioética) :

"Es común entre los pacientes el comentario de que le ayuda más un médico que sabe atenderle, que no un técnico maravilloso subido a un pedestal. La verdadera supremacía del médico sobre el paciente no la da solamente el hecho de que el médico “sabe más”, - y esto será siempre así -, sino que es consciente de que el paciente pone su salud, si no es su vida, en sus manos. Por ello el paciente necesita no tanto un avanzado técnico - realmente hoy en día se han igualado bastante los diagnósticos y tratamientos médicos en una sociedad avanzada y moderna - sino alguien que lidere su esfuerzo, y que con su colaboración absoluta le dirija y conduzca de la mano por el bosque de la enfermedad hasta llegar a su curación.


La RMP sugerida y basada en este nuevo paternalismo parte de esta premisa, rehabilitar la confianza en el seno de la relación médico-paciente como única vía de volver a estimar al médico como autoridad moral frente al paciente, en orden a superar la dicotomía que atrofia la RMP en la actualidad y que se origina en la absoluta separación de los elementos que la componen, médico y paciente, cuyo único nexo de unión se basa en una igualdad jurídicamente impuesta pero no aceptada.


En consecuencia se trata de reconocer no sólo la distancia científica que separa a ambas partes, sino las distintas funciones que en ese microcosmos de sistema social que es la RMP asume cada una de ellas. Es un paternalismo benefactor, integrador, respetuoso por el mutuo reconocimiento de la necesidad que se tiene del “otro”, en una relación sinérgica, “naturalmente asimétrica”.

Porque compartir decisiones con el paciente no significa delegar la responsabilidad como sanitarios sino dar al paciente el papel que tiene y garantizar un mayor cumplimiento terapéutico. Quizá lo que sea necesario en estos momentos además de un “paciente inteligente” sea también un “médico inteligente”.

En definitiva, bajo esta nueva óptica del Nuevo Paternalismo Médico, ambos protagonistas médico y paciente, deben permanecer en el mismo plano horizontal, pero no a cada uno de los extremos de la línea que les une, mirándose enfrentados, sino juntos, uno al lado del otro, y mirando en la misma dirección, pues su objetivo es el mismo".